Apuntes sobre improvisación teatral (2) - Por Luciano M. Cristaldo

Hemos dicho que la propuesta del compañero o la compañera que propone debe ser aceptada sin peros, sin prejuicios y confiando, pero… ¿Cómo debe ser una propuesta? ¿Acaso vale entrar en escena y decir: “- Linda mañana” sin ejecutar ninguna acción y solo esperando un respuesta ¿Qué pasaría si el compañero que está ya en escena, me mira y responde?: “- Linda sí, un poco fresca, pero linda” Y entonces le digo: “- Cuando me levanté, miré y había algunas nubes de tormenta, pero después despejó”, y él me dice: “- Sí, por suerte. Mi gato, le tiene mucho miedo a los truenos. Y parecía tormenta eléctrica.” Y todo esto sucede mientras estamos los dos parados en el centro de la escena estáticos.

Si pasa esto, el principal obstáculo para la efectiva aparición y comienzo de la escena es el establecimiento de un anodino y errático diálogo que continuará así hasta que no se efectúe una verdadera propuesta. Una propuesta que se precie de tal aporta suficiente cantidad de información para que “los improvisadores ganen el espacio físico y pinten el imaginario con sus cuerpos”. Se debe cerrar la propuesta lo suficiente para que el improvisador que la espera pueda aceptarla, confiar en ella y comenzar de inmediato a habitar la escena. En el ejemplo anterior el improvisador que espera no se ha siquiera enterado de dónde están, quiénes son, cuál es la relación entre ellos, porqué están allí, para qué están.

No tiene que ver solo con lo que se dice, es más, podría pasar que no se dice nada. Por ejemplo: (Entra a escena el improvisador que propone, camina pegado a la pared, mira al improvisador que espera y le hace señas para que permanezca en silencio, con señas le explica que tiene la llave y que le va abrir la reja de la celda, que lo va a ayudar a escapar, se tira al piso, se arrastra hasta la reja imaginaria, desde el piso le “dice” con señas que está en el punto ciego de las cámaras, pero que no se puede parar, porque si no la cámara lo va a ver. Le hace entender que hay un momento exacto para abrir la puerta, que espere y…)

Como puede verse, hasta aquí por lo menos, al escribir esta escena de impro, es solo didascalia (acotación, descripción de acciones) y podría seguir así hasta que la propia escena pida (probablemente a gritos) que aparezca la palabra, no hay que tensarse en absoluto por la ausencia de palabras. Lo que sí perjudica la escena es la ausencia de propuesta ¿Cómo aceptar algo que no se presenta? ¿Cómo confiar en algo que no existe?

Luciano Cristaldo

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